¿QUÉ SE NECESITA PARA ARMAR UN BUEN STAFF?

Esta es la gran pregunta que toda empresa de expediciones le hace en algún momento a su jefe de Recursos Humanos: ¿Qué se necesita para armar un gran equipo para la temporada de ascenso? ¿Un buen reclutador? ¿La perspectiva aguda y la intuición de un buen perfilador laboral? ¿Buena suerte? Es prácticamente imposible determinar la cantidad de factores involucrados a la hora de armar un staff o encontrar a la persona adecuada en una actividad tan compleja como lo es el mundo de las expediciones. Durante décadas, nuestra profesión ha cambiado en sus necesidades, así como en sus métodos. Y si bien las personas serán siempre el capital supremo de cualquier compañía, el ensamblaje de grupos de trabajo en nuestra industria es bastante más complicado de lo que parece, a lo que también hay que sumarle el hecho de que los contextos sociales están mutando tan rápido como la materia prima en la que navegan los encargados de recursos humanos. Por lo tanto, surgen preguntas: ¿Cómo los encontramos? ¿Cómo los mantenemos? ¿Cómo los potenciamos para obtener lo mejor de ellos? ¿Es posible hacerlos felices, queriendo hacer carrera con nosotros? Las respuestas son simples: sí, no y quizás, y sin ningún orden en particular. Así que, en lo que podría considerarse un noble intento de responder lo que no se ha podido responder a ciencia cierta por décadas, intentaremos lograr lo inalcanzable: arrojar algo de luz al asunto, al menos de acuerdo a nuestra experiencia. Entonces, sin más demora, vayamos al meollo del asunto.
¿Cómo los encontramos?
El buen personal suele ser un bien escaso. Esto, por duro que suene, es completamente cierto. Y por eso los reclutadores dedican mucho tiempo a mejorar las formas de, en primer lugar, encontrar talento y, en segundo lugar, mantenerlo. Por cierto, siempre es más fácil encontrarlo que mantenerlo, especialmente entre las nuevas generaciones, que están siempre en búsqueda de mejores oportunidades o no se apegan tanto a estructuras o rutinas. Y eso, ¿es algo malo? ¿Es realmente tan malo tener alta rotación entre nuestro personal? Depende. Si estamos buscando personas que entiendan la cultura, los valores y el propósito de lo que hacemos en un proyecto a largo plazo, entonces sí es un problema. Pero, por otro lado, si lo que buscamos es gente para realizar tareas que requieran poca preparación y de manera temporal, luchar por retenerlas puede ser un esfuerzo mal canalizado, especialmente si podemos enfocarlo en retener a quienes sí ocupan puestos de mayor responsabilidad. Habiendo dicho eso, vayamos al enunciado que nos metió en este lío: ¿Cómo se arma un gran staff? De todas las formas y maneras que se nos ocurran. Y si bien no hay recetas mágicas, sí hay formulas que podemos aplicar con un buen grado de éxito. La más básica y universal de todas, fue formulada por la siempre brillante Maya Angelou: “He aprendido que la gente olvidará lo que dijiste, la gente olvidará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo les hiciste sentir”. Una persona que se sienta escuchada y cuidada en una estructura, tendrá más chances de elegirnos sobre otras opciones. De todas formas, haría falta mucho más que este artículo para enumerar todas las potenciales estrategias.
Todo lo anterior nos lleva a enunciar ciertas verdades innegables. Primero: el buen capital humano es difíciles de encontrar, y el excepcionalmente bueno es aún más difícil de descubrir, y de ahí surge la segunda verdad: una vez que encontramos buenas personas para nuestra empresa, deberíamos tratar de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para retenerlos, incluso sabiendo –y aceptando– que podrían estar con nosotros tan solo para sumar experiencia o simplemente como un paso hacia pasturas más verdes en otro lado. Y eso, ¿es eso realmente tan malo? Una vez más, depende de cómo se mire el vaso que por cierto, no está ni medio vacío ni medio lleno. Es solo un vaso que contiene líquido, nada más. Tal vez, deberíamos preguntarnos qué podemos hacer para que nuestro capital humano se sienta más cómodo y con la posibilidad de proyectarse en un mediano o largo plazo, y eso suele ser bastante más que darle ropa nueva de marca o puffs para sus carpas en el campamento base. La codiciada y cotizada sensación de pertenencia se obtiene –casi siempre– con algo más que comfort. Por ejemplo, alimentando el deseo de superación, de ser mejores profesionales y también de crecer en un ambiente que siempre exige todo de aquellos que se desempeñan en él, en escenarios y situaciones que son emocionantes y exigentes en partes iguales.  
A las compañías de expediciones nos ha llegado el momento de aceptar lo que las demás empresas de servicios han ido advirtiendo desde hace ya varios años: retener al recurso humano, al menos en un futuro próximo, será tan difícil como llegar a una cumbre. A cualquier cumbre.

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